En el plano aventurero, fuera de tu vida profesional, quiero saber que eres, o más bien, qué es lo que te gusta hacer.
En realidad, te contesto que con relación a la aventura, me gusta todo o que puedas imaginarte, todos los deportes de riesgo, ahora con mi edad, evidentemente tengo que ir frenando un poquito, pero me gustan todos.
¿A que se debe esta pasión?
Yo vivo en Denia, un pueblecito de la costa, entonces, ahí tenemos un mar que es precioso, y a mí siempre me ha gustado mucho el mar. Pues mi historia comienza con el gusto por ir con mis amigos con unas simples gafitas de tubo a mirar los peces y el panorama del mundo marino, aunque a una escala muy baja. La cosa me iba gustando hasta que decidí que tenía que hacer un curso de buceo.
¿Tan pronto vino la idea de apuntarse a un curso?
Yo siempre, para todo lo que he hecho, me ha gustado hacerlo bien, y que enseñen a hacerlo así. Una vez que ya has aprendido lo que tienes que aprender, no vas a estar toda la vida actuando del mismo modo, la experiencia te permite eso, adaptara tu estilo o forma de ver las cosas lo que ya sabes con seguridad.
Me apunte en club de buceo hace nueve años y cada día estoy más enganchada a bucear. Es una cosa que engancha mucho y cada vez quieres más y más, lo que implica más conocimientos, porque estas expuesto a mayores riesgos, pero al menos para mí, siempre quiero volver a bucear y una y otra vez, hasta que aguante.
El curso descubrió algo más para ti, ¿encontraste algo inesperado en él o fue más un trámite para dar comienzo a las verdaderas experiencias?
El curso… si no eres valiente y no quieres ir más allá lo dejarías, no solo porque hay que ser valiente para bucear, sino porque se pasa muy mal, es muy duro. Te pueden ocurrir muchas putadas ahí abajo si no está todo al 100% controlado. Hace mucho calor, y hasta que no llevas 10 o 15 inmersiones no empiezas a disfrutarlo. Por eso lo que es el curso no te enseña nada nuevo, pero te prepara para aprender después, con tus compañeros y donde adquieres inmersión tras inmersión la verdadera experiencia.
Me gustaría que nos explicaras, qué pasaría si a cualquier persona se le vistiera de neopreno, se le diera la bombona de oxígeno y se le echara al agua.
Las condiciones son algo extremas. A la hora de hacer un curso de buceo, es muy importante saber a dónde vas y con quien lo haces, como todo. Porque es arriesgado, no solo por los oídos, sino porque también puedes tener un problema pulmonar.Si no tienes una cámara hiperbárica cerca de donde estas, puedes hasta morir por una explosión de los pulmones, porque a partir de unos metros, cuando eres novato, te tienen que explicar todo como se hacen las cosas. No se puede ni bajar ni subir más rápido de cómo está establecido, porque te pueden estallar los tímpanos o incluso los pulmones. Entonces, hay que hacer unas paradas de seguridad, y ser muy prudente a la hora de subir. Por el contrario, el problema con los oídos puede venir al ir bajando, por la presión.
Es un deporte que exige precisión.
Por eso, cuando haces un curso de submarinismo es como cuando te sacas el carnet de conducir, según quieras llevar un coche, una moto o un camión, debes estudiar unas u otras cosas o llegar a unos conocimientos más o menos profundos, pues en el submarinismo, según el grado de dificultad que hayas superado en los cursos, pues te permite bajar a más o menos metros de profundidad.
Unida para siempre al mar
Hablemos ahora de los comienzos, antes de ser experta, ¿como veías el panorama a la hora de sumergirte en el agua?
No se puede explicar, lo del mar no se puede explicar. Pero si que hubo un punto muy importante para mí, que fue cuando hice la octava inmersión, fue una de las decisiones más importante para mí, y fue dejarme de fumar. Yo fumaba tres paquetes de ducados al día, y se llegó a un punto en el que eran los cigarrillos o el buceo y, evidentemente, es mucho más bonito bucear que fumar, y ese fue mi primer punto de inflexión.
Te enganchó más de lo que lo estabas al tabaco.
Imagínate un vicio que arrastraba desde los 14 años, y en un grado tan avanzado, cómo debió de ser la pasión que iba surgiendo en mi interior por el buceo, me fue muy bien.
Dejando tres paquetes diarios ahorrarías.
Fíjate si ahorre que con lo que dejé de gastarme en un año, conseguí dinero para hacer un viaje al Mar Rojo. Me compré el típico cerdito y fui echando el dinero del tabaco. Como me había dejado de fumar y por el esfuerzo que estaba haciendo, mis padres sin que yo lo supiera me compraron el traje de neopreno. Y fui ahorrando, esto desde junio, hasta que en marzo, me encontré con una vieja amiga a la cual no veía hacia 15 años, nos encontramos en Barbastro, me la encontré buceando en Denia y me dijo que se iba al Mar Rojo y yo le dije que me iva con ella.
Tu primera gran salida
Y no hacía ni un año que había empezado a bucear. Y ahí empezaron todas mis aventurillas, conocí a mucha gente. Estuvimos en un barco 7 días 12 personas, tres chicas y el resto todo chicos, unos catalanes muy majos con lo que pronto haremos otro viaje. Y fue mi primera salida de España, porque antes había buceado en Denia y en todas las reservas de España, desde Palamós, Gerona a Andalucía, Cabo de Gata, de todo.
¿Como recuerdas tu primera experiencia fuera de España, miedo, nervios?
La verdad es que solo pasé miedo una sola vez por los egipcios, que son muy especiales, y estuvimos a punto de jugarnos la vida… Pero no pasé miedo porque iba con un grupo de expertos, era gente muy preparada, gente de la Universidad de Barcelona, buzos muy expertos. Y fue miedo porque tuvimos un problema, vino mal tiempo y salimos cada uno por un lado. Pero muy bien, porque íbamos tres mujeres y el resto todo chicos, pues nos llevaban en bandeja (risas).
¿Alguna vez más has tenido miedo?
Si, al principio. Me metieron en una cueva y en lugar de seguir para adelante como todos, uno me dio un aletazo, me agobié un poco, quise seguir, pero al pegar el aletazo, todas las partículas empezaron a removerse y no se veía nada, porque estaba muy oscuro, quise salir yo sola y me perdí, había dado muchas vueltas y había perdido la noción de espacio. Esa fue la última vez que he bajado a una cueva, yo no bajo a cuevas más porque si no es por mi compañero…
Parece ser que los menores peligros que puedes encontrar debajo del agua son los tiburones o los monstruos marinos…
El mayor peligro es la falta de profesionalidad. O condiciones adversas como por ejemplo en Egipto que salimos cada uno por donde pudimos.
¿Y qué pasó?
Pues que estábamos en medio del mar, esperando a que vinieran a rescatarnos, y entonces, el profesor de universidad me dijo: “Bueno Marga, ahora vamos a relajarnos ya que hay que esperar… asique vamos a bucear”. Y de repente vimos como 8 o 9 tiburones debajo de nuestros pies.
¡Qué miedo!
¡Qué gozada! No bajamos más porque teníamos que estar visibles o porque no teníamos las bombonas llenas de oxígeno. Si no, me faltaba tiempo para bajarme con los tiburones.

